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No te pongas en su lugar

Hoy me ha ocurrido una cosa que, desgraciadamente, es más común de lo que me gustaría.

 

He llegado a casa de mi madre en mi coche y he aparcado en la plaza reservada para personas con movilidad reducida. Justo cuando estaba bajándome del coche ha llegado otro conductor y ha dejado el suyo invadiendo parte de mi plaza tal y como se ve en la foto. Aunque a veces opto por callarme, esta vez no me dejaba espacio suficiente para poder abrir mi puerta completamente y bajarme con comodidad, así que he decidido llamarle educadamente la atención.

 

Tras decirle que no podía dejar su coche ahí, ha reaccionado muy ofendido y de muy malas maneras, diciendo primero que él tenía derecho a aparcar así puesto que tenía en su parabrisas su tarjeta de movilidad reducida y después ha esgrimido un curioso argumento en el que me explicaba que debido a que esa plaza era muy ancha estaba diseñada para dos vehículos.

 

He tratado de explicarle sin éxito que no había línea de separación que habilitara a dos vehículos, por lo que era para un único coche, y que además era tan ancha porque las personas con movilidad reducida necesitamos más espacio para bajar del coche, por ejemplo para abrir la puerta completamente para bajarnos y en este caso no podía hacerlo porque golpearía su coche y que seguramente eso no le haría mucha gracia.

 

Además le he dicho que si llegaba detrás otro coche con una rampa lateral, no podría bajarse ya que él no estaba dejando el correspondiente espacio. Su respuesta fue un sorprendente “eso no existe” refiriéndose a los coches con rampa lateral.

 

Al demostrar tan poca empatía y tanto desconocimiento sobre la normativa y la situación en la que nos encontramos las personas con movilidad reducida le pregunté que si esa tarjeta de su parabrisas era suya, ya que él no tenía pinta de tener movilidad reducida. Su respuesta terminó de confirmarme mis sospechas sobre su fraude ya que me dijo que yo no tenía ni idea de sus problemas de corazón, lo que, en el caso que nos ocupa, no parece un argumento muy sólido para justificar su movilidad reducida. Le pedí que me enseñara su tarjeta de discapacitado que lo demostrara pero ya empezó a marcharse no sin antes decir que él tampoco se fiaba de mi situación. Por supuesto le ofrecí enseñarle mis prótesis o mis documentos para que dejara de hacer el ridículo, a lo que no accedió, tachándome a mí de incívico ya que, según él, la plaza era suficientemente grande para dos vehículos y la estaba utilizando yo sólo.

 

La conclusión es que, por favor, tengamos presente que las plazas reservadas no son un lujo, sino una necesidad, y que no somos unos privilegiados por tener esta situación.

Si por ejemplo llega alguien en silla de ruedas, necesitará abrir completamente la puerta para ponerse con su silla justo al lado, o la rampa lateral que cité antes como la de mi amigo Fali, y que tantas veces le impiden utilizar algunos incívicos conductores.

Así que, respetad el espacio reservado porque de verdad hace falta.

 

No te pongas en nuestro lugar, porque no te gustaría estarlo.

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Comentarios: 3
  • #1

    Rafa (miércoles, 02 enero 2019 02:02)

    Chapeau! Has reflejado magníficamente lo que vivimos con más frecuencia de la que nos gustaría. Nos queda un largo camino por recorrer aún para poder compararnos a otros países pero todo suma y es importantísimo darlo a conocer. Gracias por tu aportación.

  • #2

    Salador jimenez (miércoles, 02 enero 2019 20:05)

    Hola Ramon estoy totalmente deacuerdo contigo, y pienso que una solucion a todo@s esas personas que utilizan una tarjeta de un familiar, la tiene la policia, porque se hacen controles de drogas, alcolemia, velocidad, conturon ect. Y porque no se realizan campañas de movilidad reducida?
    Un abrazo amigl

  • #3

    Nuria (domingo, 14 abril 2019 13:44)

    Hiciste bien pero no sé deberían dar tantas explicaciones.
    Falta de empatía, incivismo, egoísmo...